Sin Android

Samsung con Tizen: qué se puede limpiar cuando no hay ADB

· 7 min de lectura

Ficha visual del Samsung con Tizen con sus datos principales
Samsung con Tizen: los datos que definen el aparato
Ficha técnica
SistemaTizen
BaseNo es Android
ADBNo disponible para el usuario
SideloadNo admitido
Desinstalar appsSolo las descargadas, no las de fábrica
Ajustes de privacidadSí, en Términos y condiciones
Reconocimiento de contenido«Servicios de información de visualización», activado
Publicidad personalizadaSe puede apagar
Reconocimiento de vozSe puede rechazar por separado
Cuenta SamsungOpcional

Samsung es la marca de televisores que más se vende, y Tizen, su sistema, es el que más gente tiene delante sin saber cómo se llama. También es un sistema cerrado: no es Android, no tiene ADB accesible para el usuario y no admite instalar aplicaciones desde fuera de su tienda.

Así que la respuesta corta a «cómo hago debloat en mi Samsung» es: no se hace. No hay una lista de paquetes a la que llegar.

La respuesta larga es más interesante, porque en un Samsung hay un ajuste concreto que casi nadie encuentra y que cambia bastante las cosas.

La casilla que importa está donde nadie la busca

Samsung llama a su reconocimiento automático de contenido «Servicios de información de visualización». Es la función que hace que el televisor identifique lo que aparece en pantalla y lo comunique.

Lo relevante, y lo que sorprende a la gente cuando se entera: esto no se limita a las aplicaciones del televisor. Funciona también con lo que entra por HDMI y por la antena. El descodificador, la consola, el reproductor de discos, la televisión en abierto.

Y no está en un menú llamado «privacidad» a secas, sino dentro de los términos legales:

Configuración → Todos los ajustes → General y privacidad → Privacidad → Términos y condiciones, y ahí se desmarca «Servicios de información de visualización».

Que esté escondido entre las condiciones es precisamente lo que hace que casi nadie lo apague. Se acepta todo el bloque durante la configuración inicial, con el mando, en treinta segundos, y ahí se queda para siempre.

Los otros dos interruptores

En la misma zona hay una opción de publicidad basada en intereses. Desactivarla no quita los anuncios de la pantalla de inicio —eso no está en tu mano— pero corta que se elijan a partir de un perfil de lo que ves.

Y aparte, en Configuración → Asistencia → Términos y políticas, están los servicios de reconocimiento de voz. Si no usas el asistente por voz del televisor, rechazarlos no te quita nada y cierra otra vía.

Los nombres exactos y el orden de los menús cambian entre años de modelo. Si el tuyo no coincide palabra por palabra, busca la sección de privacidad y lee las casillas: lo que buscas es cualquiera que hable de información de visualización, de datos de uso o de mejora del servicio.

Las aplicaciones: qué se puede quitar de verdad

Aquí Tizen es claro, aunque no generoso. En Apps, seleccionas una aplicación, mantienes pulsado el botón de selección y aparece un menú con la opción de eliminar.

El detalle: eso funciona con las aplicaciones que has descargado tú. Las que vinieron de fábrica —las del propio sistema y las que están por acuerdo comercial— no ofrecen esa opción, o aparece desactivada.

Lo que sí puedes con todas es reordenarlas y sacarlas de la primera fila. No se van, pero dejan de ser lo primero que ves al encender.

Samsung TV Plus, el que no se va

Merece párrafo aparte porque es la queja más repetida. Samsung TV Plus es el servicio de canales gratuitos que viene integrado en el propio sistema: no es una aplicación que hayas instalado, sino parte de la interfaz.

Por eso no aparece con opción de eliminar. No es un descuido: está integrado a propósito, y es una de las formas en que el televisor genera ingresos después de vendido.

Lo que sí está en tu mano: no dejarlo como primera fila de la pantalla de inicio, y comprobar en los ajustes de la propia guía de canales si tu modelo permite que no se lance solo al encender. Y, sobre todo, apagar la publicidad basada en intereses de la sección anterior, que es lo que decide qué te enseña cuando lo abres.

No es una solución completa. Es lo que hay, y es mejor saberlo que perder una tarde buscando la opción de desinstalar que no existe.

Ilustración. Decorativa: el detalle está en los diagramas del texto.

La cuenta Samsung

El televisor funciona sin iniciar sesión. La cuenta hace falta para la tienda y para algunos servicios propios; para ver la televisión y usar las entradas HDMI, no.

Si nunca la has creado, no la crees. Si la creaste durante la configuración inicial porque el asistente insistía, puedes cerrar sesión desde los ajustes.

Revísalo después de las actualizaciones grandes

Una actualización de sistema puede volver a presentarte los términos y condiciones. Si aceptas rápido con el mando —que es lo que hace todo el mundo— reactivas de una tacada lo que habías desactivado.

No siempre pasa, pero pasa lo suficiente como para que merezca la pena volver a mirar la sección de privacidad cuando el televisor te diga que se ha actualizado. Son treinta segundos.

Lo que no se puede hacer

Instalar aplicaciones que no estén en la tienda de Samsung. El modo de desarrollador de Tizen existe, pero está pensado para desarrolladores con su propia aplicación firmada, no para instalar lo que quieras, y las instalaciones caducan.

Desactivar componentes del sistema. No hay lista de paquetes.

Cambiar la interfaz. La pantalla de inicio de Tizen es la única.

Y como en cualquier televisor cerrado: desconfía de todo lo que prometa «rootear» tu Samsung. En el mejor de los casos no funciona.

Y si quieres ir un paso más allá: la red

Cuando por dentro no se puede tocar nada, queda la puerta por la que sale todo: la conexión.

Bloquear por DNS los dominios de telemetría y publicidad en el router deja al televisor sin poder informar, y vale para todos los aparatos de casa a la vez.

Dos avisos honestos. Bloquear a ciegas rompe cosas: los mismos dominios sirven a veces las carátulas, el buscador o las actualizaciones, y acabas con una aplicación que no carga sin saber por qué. Y esto ya no es un ajuste del televisor: es administrar tu red, con el mantenimiento que eso trae.

Para casi todo el mundo, las casillas de las secciones anteriores dan la mayor parte del resultado con una fracción del trabajo.

La opción que casi nadie considera

Si el sistema te sigue estorbando, en un televisor cerrado tiene más sentido que en uno con Android hacer lo siguiente: dejarlo como pantalla.

Un reproductor externo cuesta poco, se actualiza durante años y te devuelve la elección de la interfaz. El panel de un Samsung suele ser bueno y va a durar mucho más que el software que lleva encima.

Lo que ya se envió no se borra solo

Apagar el reconocimiento de contenido corta lo que se recoja a partir de ahora. No borra lo que el televisor haya mandado durante los meses o años que lleva encendido en tu salón.

En la Unión Europea eso tiene arreglo, y es la palanca que más se ignora precisamente en los televisores donde no se puede desactivar nada por software: el reglamento de protección de datos te da derecho a pedir al fabricante qué tiene sobre ti y a pedir que lo suprima.

Se hace desde el formulario de privacidad del fabricante, con el número de serie del aparato a mano. La respuesta tarda, y no siempre llega completa, pero es un derecho, no un favor, y en un sistema cerrado es la única vía que llega a lo que ya salió de casa.

En resumen

En un Samsung con Tizen no hay debloat. Hay tres casillas —información de visualización, publicidad basada en intereses y reconocimiento de voz—, las aplicaciones que tú instalaste y que puedes borrar, y la decisión de no vincular una cuenta. Es menos de lo que se puede hacer en un Android, pero la primera de esas casillas vale por casi todo lo demás junto.

Todo lo de aquí se aplica a un aparato de tu propiedad, y toda desinstalación es reversible. Los límites de este proyecto: Qué hacemos y qué no